lunes, 6 de octubre de 2008

La ciudad de noches largas y días cortos (parte 2)

Aunque ya pasó la temporada estival, los principales centros nocturnos de la ciudad siguen manteniendo toda la "pachanga" viva durante los fines de semana.

De esta forma, y aprovechando que el fuerte de las clases aún no comienza, los universitarios se toman las pistas de baile que hay en el sector de Bajo Molle y aprovechan al máximo las promociones que las discos les ofrecen.

"El mejor día para los locales es el sábado, ya que el viernes igual mucha gente trabaja, por eso no salen el viernes. Los sábado acá se llena", dice Lizette Montoya, de Kamikaze. También piensa así en Sala Murano y Anakai.
A las 3 de la madrugada todos los locales están repletos. La gente "perrea" con el reggaeton, se mueve con los clásicos temas de Los Fabulosos Cadillacs, entre otros, y comienzan los concursos.
Bailes eróticos, el koala, la pareja más sexy, la que mejor baila, son algunos de los "concursos". La gente aplaude a los participantes y los ganadores se llevan un "cover", que consumen casi enseguida.

La barra de estos locales nunca está vacía, incluso llega a faltar personal para que atienda tanto público que se aglutina en busca de un trago para refrescarse.

El favorito indiscutido en este aspecto es el ron. Todos los locales concuerdan en que este trago desplazó a la cerveza, por lo que siempre hacen promociones para que la gente disfrute.

Tanto Anakai, Kamikaze y Sala Murano son los recintos más populares del sector Bajo Molle.
Anakai cuenta con una capacidad, entre sus dos pistas, para tres mil personas. Kamikaze y Sala Murano, en cambio, tienen capacidad para 1200 personas, aunque ambas cuentan con un salón VIP, además de que reparten freepass en distintos puntos de la capital.
Incluso para atraer más público, estás últimas están implementando abrir algunos días de la semana. Kamikaze abre los jueves y Sala Murano "celebra el san miércoles, abriendo desde las 11 de la noche con barra al costo hasta las dos", cuenta Ariel Barembaum.

"Aquí la gente comienza a llegar como a las dos de la mañana y son las cinco, apagamos las luces y no se quieren ir. Eso dice que la pasan bien", explica Ana Belén Arellano, de Anakai.

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