Son las doce de la noche y comienzan a llegar autos al sector de las discos en Bajo Molle, conocido popularmente como la "T", a causa de la forma que tiene el cruce de sus vías.
De a poco, las calles del sector se comienzan a llenar con variados tipos de autos, conducidos, en su mayoría, por jóvenes entre 18 y 25 años. A las dos de la mañana ya se encuentran más de 400 automóviles en el lugar, mientras que el número de personas es tres o cuatro veces mayor.
Cuando ya están fijos en algún espacio, los jóvenes abren el portamaletas de los autos y se descubre un mini Bar, comprado en algún expendio de alcoholes
Botellas de ron, pisco, vasos de plástico, bolsas de hielo y gran cantidad de cervezas en lata aparecen. El trago es tanto, que mientras lo consumen pierden la noción del tiempo y prefieren quedarse a terminarlo a como ellos mismos dicen "gastar plata en la entrada de una disco y comprar un copete, que sale mucho más caro".
Allí no importa la clase social o el estilo que se tenga. Todos comparten con su vaso o lata de cerveza, mientras conversan de forma animada. La cosa es pasar un buen rato.
Como acústica del lugar, pareciera que se da una competencia implícita por quien pone la música más fuerte en su auto. El ensordecedor ruido proviene de los vehículos, que tocan en su mayoría Hip Hop y Reggaeton y se mezcla con los gritos de sus ocupantes.
"Hoy (viernes) hay menos gente acá en la "T". Los sábados está más llena, pero de verdad la cantidad de público ha ido bajando. Hay sectores como los de Huayquique y las playas en donde la gente va a tomar igual", dice Joshua, uno de nuestros guías del sector.
Joshua cuenta que desde el 2000 la "T" es un lugar en donde todos se reúnen para tomarse un trago. "Yo vengo desde esa fecha y este lado siempre ha estado lleno. Siempre hay muchos autos".
El sector de la "T" es helado. Hay bastantes corrientes de aire que, con el efecto de la cerveza o los tragos fríos, hace que den ganas de orinar. En ese momento, las paredes o postes que existen en el sector se convierten en baño, aunque muchos que sobrepasaron su consumo de alcohol no alcanzan a llegar a la pared y terminan vomitando u orinando al lado de los autos o en medio de la calle, a la vista de todos.
La vigilancia policial escasea, por no decir que es nula. "Nunca he visto una patrulla entrar aquí. Los carabineros no controlan mucho el sector, así que es re piola venir aquí", cuenta Andrea, una de las usuarias frecuentes del sector.
A eso de las 4 y media de la madrugada, los autos comienzan la retirada. Un gran taco se forma a la salida de Bajo Molle, pero no hay bocinas ni gritos, ya que todos tratan de mantener un bajo perfil para evadir algún eventual control policial.
(Publicado en la Estrella de Iquique)
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